#MujerPosh
Posh Magazine.- El número de hombres y mujeres en el mundo es aproximadamente igual, aunque los hombres, según estudio del 2010, llevan una pequeña ventaja de 102 hombres por cada 100 mujeres. Más preciso, de cada mil personas 504 son hombres y 496 son mujeres. Y con esta cifra tenemos, que la mitad de la población femenina vive y padece su día a día exiliadas en una enmarañada red de discriminaciones y vulnerabilidades sociales, culturales y económicas directamente provenientes de la mujer ¡Ándale! En un momento donde la mujer habla a la sociedad de empoderamiento, [este temita se ha convertido para mí en todo un modus operandi de aprendizaje] el tener que lidiar con la desigualdad afuera sino la desigualdad adentro es, más o menos, una extensión del campo de batalla. Las mujeres siempre estamos y actuamos en manada. Allí tendemos a mostrar lo mejor de nosotras mismas, una forma de buscar la aprobación de las demás; lo cual muchas veces al confrontarlas trae conflictos. Y es que pensamientos generan emociones y estos te llevan a realizar conductas y ¿si es en grupo? mejor. Los motivos que llevan a esa conducta es sencillamente notoriedad. Dicen los estudios, basados en la prehistoria, que el hombre, como cazador, desempeñaba una faena solitaria, ya que grupos de cazadores ahuyentarían la presa. Mientras que las mujeres, limitadas por los críos, se dedicaban más a recolectar plantas y semillas para el alimento; o sea, era una actividad que se prestaba a hacer grupo. Tal vez por eso, hoy día, seguimos estando en bandadas, lo cual nos hace más sociables e indudablemente, las redes familiares, laborales y de amigos sostienen y dan sentido al proyecto tradicional de la comunicación.
¿Cuál es la novedad?
Que en una sociedad donde cada uno quiere hablar de sí mismo y donde el cuidado por ‘lo mío’, suele superar el cuidado por ‘lo nuestro’, llama la atención en estos grupos el ‘acercarse más’. Sin embargo, estas camarillas nunca podrán evitar el momento de enfrentamiento con el origen de nuestros padecimientos físicos, psicológicos o espirituales. Estaría bien entonces delimitar y entender el ¿Cómo te ganas una desigualdad dentro de la desigualdad? Veamos:
• Cuando tienes personalidad. No sigues las directrices de alguien que se adjudica el mando del grupo en el cual sueles frecuentar. El gimnasio es un clásico o el departamento de tu trabajo.
• Cuando destacas por alguna habilidad que tu ‘amiga’ desea pero no lo reconoce como tal.
• Cuando te percibe -a su juico- como más agraciada, mejor vestida o con mejor pareja estable. En el tema de la envidia hay mucho que sustentar. Un estudio de dos universidades alemanas concluye que ser testigo de las vacaciones, las fantásticas vidas o éxitos laborales pueden provocar resquemor, frustración, sensación de soledad y enfado al comparar lo que vemos con nuestra propia realidad. ¿Cómo combatirlo? •
Desterrando el temor de ‘tengo que estar allí con ellas’ porque de lo contrario me sentiré sola; por lo tanto, no me invitarán, no me saludarán…
• Aceptar que hay otros matices en la escala blanco –negro para que así no te importe el ¿por qué actúa de esta forma hacia mí? porque el motivo del por qué ya lo sabemos.
• No dejándote comparar.
• No aceptar que ninguna de las actividades absorba tu vida, ya sea trabajo, tareas del hogar, gimnasio porque el empecinamiento en cada una de ellas crea su propia contaminación ambiental.
• Soltarás un poco el tiempo que le dedicas a Facebook ¡Huy! Eso que llamo ‘autoayuda en red’ porque es que somos tan amigas…
Según el estudio Envy on Facebook; A hidden threat to users life satisfaction? Una de cada tres personas se siente peor y más insatisfecha con su vida tras visitar las redes sociales. Las fotos de las vacaciones genera más resentimiento, mientras que el segundo lo ocupan las interacciones sociales (el número de me gustas, las felicitaciones de cumpleaños o los comentarios que reciben las fotos que colgamos).
Para que no me digas que soy agresiva, tiene también algunas cosas buenas. Psicológicamente te hace sentir menos solo, facilita que los tímidos se relacionen y se democratiza el flirteo.
Pero la necesidad de sentirse querido y necesitado es universal, el eje de estos grupos. De hecho, según un estudio de la Universidad de Berlín, recogido por Mashable, el simple hecho de actualizar tu estado en Facebook te puede hacer sentir más conectado, incluso si nadie le presta atención ¡Puf!
En el caso de la mujer, que se autodefine muchas veces por el grupo al que frecuenta, no se permite estar fuera de alguno de estos círculos.